Agotamiento

1.8.26


Vivimos en un continuo presente y, sin embargo, eso nos asombra y nos sacude de tal modo que apenas somos capaces de reunir el valor necesario para reconocerlo. Estamos aquí, siempre aquí, encerrados en este instante que no cesa, pero rara vez logramos habitarlo sin inquietud. De ahí nuestra obsesiva tendencia a huir hacia el pasado o hacia el futuro. Regresamos a lo que ya no puede modificarse o nos adelantamos a lo que todavía no existe, como si el presente fuera una habitación demasiado estrecha para permanecer en ella. Pero esa fuga constante no nos salva: nos desgasta. El pasado nos reclama con su melancolía y el futuro con su ansiedad. Entre ambos, el presente queda convertido en un lugar inhabitable, no porque carezca de sentido, más bien porque hemos perdido la serenidad necesaria para permanecer en él. Puede ser, no sé, que el agotamiento contemporáneo nazca precisamente de esa imposibilidad, la de vivir siempre en el presente y, al mismo tiempo, no saber estar nunca del todo en él.