El espejo memorioso
28.8.26
Existe un espejo que conserva todas las imágenes que han pasado ante él, pero solo devuelve una: la de quien ya no volverá. Los demás espejos son honestos porque olvidan. Sueltan cada rostro cuando se aleja y amanecen vírgenes, fieles a lo presente porque no guardan nada. Este, en cambio, contrajo el vicio de recordar. De tanto acumular caras, terminó eligiendo la que faltaba. Y ahora no refleja sino que acecha. Es el espejo del pasillo de una casa vacía, el que mucho después del entierro insiste en devolver al ausente. No sirve a la vanidad de quien se mira pues no confirma que esté allí, tan solo le recuerda que otro ya no está y sin embargo, realiza la obra piadosa que ningún otro objeto suele acometer, y mientras exista una superficie que lo recuerde algo de quien pasó continúa pasando. Eso son los libros, espejos averiados que alguien dejó encendidos. Conservan una voz cuando ya no queda una boca, una mirada cuando se han cerrado los ojos. Quizá por eso escribimos, para dejar un espejo que siga recordándonos cuando ya no haya nadie delante.
Etiquetas: análisis, comentario, espejo
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