Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas

La sustancia

16.3.26

 

Si el tiempo es la sustancia de la que estamos hechos, como señaló Borges, cada jornada vendida es una pequeña amputación consentida. Cambiamos horas por dinero y el dinero por objetos que prometen devolvernos, en forma de placer inmediato, lo que ya no tenemos que es una vida disponible. La operación parece inocente porque se llama normalidad. Nos enseñan que ese trueque es el orden natural de las cosas, que nacer consiste en entrar en el mercado del tiempo propio. Trabajamos para vivir —decimos—, pero a menudo vivimos para sostener el mecanismo que administra nuestra ausencia. Lo más inquietante no es la pérdida sino que nos acostumbramos. La esencia no se extravía de golpe: se diluye en hábitos, en compras que sustituyen experiencias, en cansancios que aplazan lo que somos para un después que nunca llega. Y, sin embargo, el tiempo no sabe de salarios ni de precios y sigue siendo la materia irrepetible de nuestra conciencia. Quizá la verdadera resistencia consista en recordar que no somos aquello que adquirimos sino aquello a lo que decidimos dedicar nuestras horas.

El tiempo contrario

11.3.26


Mientras las horas avanzan con su disciplina de calendario, existe otro tiempo que no obedece a los relojes, sentimental y memorístico, que se mueve en dirección opuesta, como si desandara lo vivido para volver a palparlo. Un tiempo que no mide pero pesa, que no transcurre pero retorna. En ese tiempo la infancia parece estar más cerca que el día de ayer y una pérdida de hace años es como si ocurriera esta mañana. Es un tiempo inexacto, pero verdadero que se dilata en una canción, se detiene en un olor y retrocede en una fotografía. No cuenta minutos y abre profundidades. Vivimos en esa doble cronología, la que envejece el cuerpo y la que insiste en lo que fuimos. La primera nos lleva hacia delante y la segunda nos devuelve. Por eso, a veces, comprendemos que no recordamos para saber qué pasó sino para saber qué sigue pasando por nosotros.


Rigores

23.2.26


El tiempo cumple siempre, inexorablemente, su sentencia.


Patología temporal

6.2.26


Somos enfermos terminales del tiempo presente.



Marca

20.1.26


Existe un tiempo en que el mundo parece hecho a nuestra medida. Todo encaja, todo responde, como si la realidad hubiese sido pensada para sostenernos. Es un instante breve, casi un espejismo, pero suficiente para hacernos creer que habitamos el centro. Pronto comprendemos que esa armonía era prestada. Lo efímero y lo ilusorio no son defectos del mundo, sino rasgos de nuestra condición. Así se dibuja la ontología humana, creer por un momento que todo nos pertenece y aprender después que nada nos es correspondido. La vida no se ajusta a nosotros sino que somos nosotros quienes pasamos por ella.


Tránsito

31.12.25


Decimos que el tiempo pasa, pero quizá sea al revés. El tiempo permanece, inmóvil y ajeno, como un fondo fijo sobre el que nos desplazamos. Lo que cambia es el espacio que atravesamos, los lugares, los cuerpos, las edades, los nombres, porque nosotros somos el movimiento. Por eso la vida no avanza en minutos sino en trayectos. No envejecemos por el paso del tiempo sino por el camino recorrido y, así, cada paso nos aleja de lo que fuimos y nos aproxima a algo que todavía no sabemos ni nombrar. Tal vez por eso sentimos vértigo, no porque el tiempo corra sino porque no sabemos dónde nos dejará el viaje. No es el tiempo quien pasa, somos nosotros quienes nos movemos en su vientre.


Cernudiana

11.11.25


El tiempo como una enredadera cubre de olvido los muros de todo lo sentido.


¿Adónde va el tiempo que se va?

24.10.25


El tiempo no se pierde, se posa. El tiempo que fluye hace mudanza de piel y se esconde en las cosas que amamos. Se queda en la huella de una voz como la pisada en la arena, en la curva de una tarde como una ecuación de lo bello, en el gesto mínimo con que decimos adiós sin saberlo.

El tiempo que se va se adormece en los objetos más cercanos, como el eco del calor de la mano que coge una taza, en la mirada perdida que ya no vuelve, en la respiración serena al borde del silencio.

Tal vez el tiempo no pase y tal vez solo pasemos a través de él, dejando hilos de luz en su corriente. Y cuando preguntamos adónde va, es porque sentimos que una parte de nosotros también se aleja, flotando suavemente hacia ese lugar donde todo lo vivido sigue siendo presente, pero en otra forma. Quizá el tiempo no vaya a ningún lugar.


Enflaquecimientos

13.9.25


El tiempo no es solo agotamiento, es cansancio de existir.



Indisolubles

5.7.25


Hay un tiempo para todo, aunque cada todo tiene su tiempo.





Pulverizados

4.6.25


Somos esa vela que el viento de la vida apaga y deja flotando ese humillo del recuerdo de la luz que fuimos hasta que se disipa en el tiempo.



Conciencia perdida

22.5.25


Intuimos sin saber, el tiempo hacia qué dirección va.



Extenuados

12.5.25


Recuerdo que, en mi juventud, mientras duró el espejismo de la eternidad, el tiempo parecía correr tras de mí para alcanzarme. Ahora, en cambio, soy yo quien le sigo con la lengua fuera mientras él vuela.



Elongaciones

21.4.25


El pensamiento es tan prodigioso que pude aligerar o lentificar el tiempo.


Parasitados

18.4.25


Es imperdonable el tiempo usurpado de nuestras vidas por un sistema que nos vampiriza.



Usurpaciones

7.4.25


Al final somos un despojo del tiempo.


Intercesiones

25.2.25


Estoy aquí en mitad de la nada y del tiempo y quisiera reconciliarme con este mundo antes de desaparecer.



Derrumbes

4.1.25


Ocupo un espacio físico y ocupo una conciencia en un colapso de tiempo.



Pérdidas temporales

4.12.24

 

Ahorramos tiempo para perderlo inmediatamente después.



Cuenta atrás

12.11.24

 

Mientras cuentas el tiempo desapareces.