Libre albedrío
4.8.26
¿Existe un destino después del destino o ya estaba escrito antes de que pudiéramos nombrarlo? Me inquieta imaginar si algo ocurre porque era inevitable o si, una vez sucedido, lo llamamos destino para concederle una forma de sentido. En los entierros suele escucharse una frase lapidaria: «Ese era su destino». Se pronuncia como si la muerte revelara retrospectivamente una verdad que nadie habría sabido anticipar, pero quizá llamamos destino a lo irreversible porque nos cuesta aceptar que la vida también está hecha de azar, accidente y decisiones inconclusas. Nadie parece dispuesto a señalar cuál es su propio destino. Tal vez porque reconocerlo supondría la posibilidad de modificarlo y, con ello, destruir la idea misma de fatalidad. El ser humano necesita creer que algunas cosas estaban escritas, pero también desea conservar la ilusión de poder reescribirlas. Tonta ambición de nuestra incredulidad como es negar el destino mientras lo invocamos, y defender el libre albedrío incluso cuando ya hemos llegado al lugar del que decimos no haber podido escapar.
Etiquetas: análisis, comentario, destino, libre albedrío
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