Galaxia de la memoria

3.8.26


Al mirar el cielo nocturno no diferenciamos entre las estrellas que aún existen y aquellas que fulguran sin existir ya, porque de todas nos llega su luz. El firmamento es también un archivo de ausencias luminosas y presencias extinguidas que, sin embargo, continúan alcanzándonos desde una distancia imposible. Algo parecido sucede con la memoria. En su galaxia íntima brillan seres que ya no están, amores que se fueron, voces que no volverán a llamarnos y momentos que el tiempo clausuró. Pero su luz permanece. No como materia viva, lo hace como resplandor afectivo y señal tardía de lo que alguna vez nos sostuvo. Y al recordar recibimos la luz de lo perdido sin poder tocar su origen y el corazón, como el cielo, ya no distingue del todo entre presencia y ausencia porque hay vidas que siguen brillando en nosotros mucho después de haberse apagado en el mundo. Tal vez por eso algunas personas no desaparecen nunca y se convierten en estrellas interiores con las que seguimos orientándonos por la luz que dejaron.


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