El otro ajedrez

27.8.26


Las máquinas han superado al ser humano en el ajedrez. Encerradas en un tablero de sesenta y cuatro casillas y treinta y dos piezas, han aprendido a calcular con una rapidez vertiginosa, a descubrir estrategias que parecían ajenas a nuestra imaginación y a volver ineficaces las mejores respuestas humanas. AlphaZero demostró hasta qué punto una máquina podía aprender el juego y encontrar por sí misma nuevas formas de jugarlo. Pero yo prefiero otro ajedrez, el que se disputa cada día fuera del tablero. No contra los demás sino contra las dificultades y los obstáculos; contra las celadas del destino y los caprichos del azar. Un juego en el que desconocemos las reglas, no vemos todas las piezas y rara vez podemos calcular la siguiente jugada. En este ajedrez también sufrimos nuestro particular zugzwang, esos momentos en los que estamos obligados a movernos, aunque cualquier decisión parezca empeorar nuestra posición. Las máquinas quizá hayan resuelto cómo derrotarnos sobre sesenta y cuatro casillas, pero todavía nos corresponde a nosotros aprender a no declararnos vencidos en el tablero incierto de la vida.


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