Sietes

23.8.26


Algunas vidas son holgadas, otras estrechas. Magaly coloca las piezas del vestido de su vida sobre el respaldo del sofá, situado en mitad de aquella pequeña pieza abigarrada de objetos cotidianos. Lo ha cosido de madrugada, con la luz que sobra de los encargos ajenos: todo el día ajustando cuerpos de otras y solo al final, como una propina, el suyo. Se lo ha probado tantas veces que la cinta métrica conoce sus esperanzas al milímetro. Es un vestido para la fiesta del sábado, entallado donde debe y suelto donde conviene, porque Magaly sabe que la elegancia consiste en decidir una misma por dónde respira la tela. De la fiesta recuerda poco: la música, unas risas, una copa que alguien rellenaba con la insistencia de un hilván y, después, un siete en la memoria que no admite zurcido. El vestido sigue en el respaldo del sofá. No ha vuelto a ponérselo, pero cada semana le suelta un poco las costuras, con la aplicación paciente de su oficio, para lo que crece. Algunas vidas son holgadas, otras estrechas; la suya, desde el sábado, decidió por su cuenta por dónde respirar.


1 apostillas:

José A. García dijo...

Brillante.
No puedo decir más.

Saludos,
J.