Intrascendentes

6.8.26


La existencia humana parece haber clausurado toda posibilidad de sobrevivirse y trascender hacia otra forma de vida. Agotadas las salidas metafísicas, creer en algo más allá de esta existencia limitada puede parecer una manera de habitar la ilusión. La fe surgiría entonces no como conocimiento sino como consuelo, como una respuesta compasiva ante la dificultad de aceptar que todo termina y que prometer continuidad al yo sería protegerlo del vértigo de su desaparición. Aunque puede que esa necesidad de trascendencia revele menos una verdad sobre el más allá que una incapacidad para asumir plenamente el más acá. Nos cuesta aceptar que una vida pueda ser valiosa sin ser eterna, que algo pueda tener sentido aunque esté destinado a desaparecer y, sin embargo, nuestra condición más humana es precisamente esa, la saber que somos intrascendentes y vivir como si cada gesto mereciera permanecer.


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