Mostrando entradas con la etiqueta crónica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crónica. Mostrar todas las entradas

Junto al rebalaje

25.8.26


Tiene los brazos tostados hasta la mitad, y el pecho blanquecino como el resto del cuerpo, salvo la franja del cuello, de un moreno rojizo. Su piel cuenta lo que él no dice: que trabaja al aire libre, donde le da el sol. Sé cómo se llaman los niños porque lleva toda la mañana diciéndolo. Valeria, no te alejes. Fernando, la gorra. Los nombres completos, sin diminutivos, como se nombra a quien se teme perder de vista. Los cuida, en la orilla, con corrección pero se le nota cierta incomodidad, una torpeza en el gesto, como si faltara alguien que pusiera el reglamento afectivo. Les da la crema a manotazos, con esa prisa de quien ha visto hacerlo mil veces y nunca lo ha hecho. Vigila más de lo que juega. Al terminar la mañana recogen la sombrilla y los enseres y lo cargan todo deprisa, como quien cumple un plazo. Se van. Y uno se queda pensando si lo que termina a esa hora es la playa o es el turno.