La tristeza medida en ecos
16.8.26
Para comprobar cómo de honda era su tristeza todos los días lanzaba un pensamiento al pozo de los recuerdos. Contaba los segundos hasta oír el eco. Al principio llegaban pronto, secos, casi imperceptibles. Con los años fue tardando más como si el fondo se hubiera ido alejando o como si el pozo hubiera aprendido a tragarse el ruido. Una mañana lanzó su pensamiento y no oyó nada. Se asomó, esperando la certeza del abismo y encontró solo su propio rostro devuelto por una lámina de agua quieta. El pozo, sin que él lo advirtiera, se había llenado de lluvia hasta el borde.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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