Receptores

27.10.26


Escribes cosas, y es así: hay gente que las aprecia y gente que no. A veces te rodea una insensibilidad tan espesa hacia lo que expresas que las palabras caen al suelo antes de llegar a nadie. Otras tienes la suerte de encontrar a alguien que se detiene, que relee una línea, que te devuelve con una frase lo que has hecho y te descubre en ello algo que tú no sabías. No se escribe para unos ni contra los otros. Se escribe como quien deja una luz encendida en una casa de campo, sin saber si alguien pasará por el camino esa noche. La indiferencia no apaga la lámpara, y el elogio no la hace alumbrar más, pero cuando por fin alguien llama a la puerta, la casa entera parece haber estado esperándolo.


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