A un paso

21.10.26


El amor siempre está un paso más allá de donde lo buscamos. Nunca a más de un paso. Cuando tiene que suceder, ya estaba ahí, a punto de eclosionar, como el polluelo que golpea la cáscara desde dentro mientras afuera solo se oye un leve crujido. Nadie lo trae ni lo provoca. Basta una mirada que dura un segundo de más, una mano que roza otra al pasar el pan, y lo que llevaba tiempo madurando en silencio se abre. Por eso al enamorarnos tenemos la sensación de reconocer, no de descubrir. Lo contrario no es la lejanía sino otra clase de distancia. Hay dos personas que comparten mesa, ascensor, incluso cama, y sin embargo habitan polos opuestos del universo. Entre ellas no cabe la chispa porque no hay cáscara que romper. No se trata de metros, sino de cercanía en lo que todavía no ha nacido. Un paso o la eternidad: el amor no conoce término medio.


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