Quietudes calmas
7.10.26
Recorriendo pasillos hacia la esperanza, esperando a que cambien los días para que vengan buenos, mejores. Un pasillo es una distancia que se habita sin llegar del todo, con las manos en los bolsillos y la vista puesta en la puerta del fondo, bajo una luz que todavía no es la que buscamos, sino apenas su atisbo, una rendija tibia por la que entra lo justo para resistir el vaivén de los días malos. Mientras tanto, se nos van juntando cosas pequeñas, como piedrecitas que uno recoge en la orilla sin saber para qué: ganas de decir algo bonito, ganas de abrazar a alguien sin motivo, ganas de volver a sonreír sin vigilar la sonrisa. Pedimos calma. Pedimos sosiego, un sitio donde posarnos después de tanto ir y venir, como el pájaro cansado que por fin encuentra su rama. Estar en paz con todo. Alegrarse, sin más, de estar vivo. Mirar hacia el infinito con la mirada perdida y la emoción incendiada. Y entonces echar a volar el día, y que no nos detenga nada. Aunque quizá no se trate de volar, sino de aprender a quedarse quieto en mitad del pasillo. Sacar las manos de los bolsillos. Sentir cómo esa poca luz también nos pertenece.
Etiquetas: calma, comentario, esperanza, quietud
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