Luciérnaga
29.10.26
En las noches de junio, la hembra de la luciérnaga trepa a una brizna de hierba y enciende el vientre. No vuela, no puede ir a buscar a nadie. Solo alumbra. Los machos cruzan el aire por encima, distraídos por las farolas de la carretera, y la mayoría pasa de largo sin ver ese punto de luz entre la maleza. Ella no apaga la luz por eso, ni la aviva cuando alguno se acerca. Brilla igual, noche tras noche, con una paciencia que no espera recompensa, pero cuando por fin uno desciende y se posa a su lado, parece que el prado entero hubiera estado encendido solo para eso.
Etiquetas: comentario, escribir, escritura
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 apostillas:
Publicar un comentario