Sujetarse a la palabra

14.10.26


No hay decepción posible que justifique la rendición. La escritura puede contrariarte, dejarte ante una página donde nada parece responder a lo que buscabas. Pero incluso ahí queda una palabra a la que sujetarse, una frase desde la que continuar. Decir que nada puede detenerte no significa que seas invulnerable. Significa que también puedes escribir desde la grieta. Lo que te quiebra encuentra una forma; lo que no comprendes empieza a mostrar sus contornos cuando intentas nombrarlo. A veces escribir consiste apenas en permanecer junto a una pregunta. Tienes que sujetarte a cada palabra, a cada frase escrita, a cada texto encarnado. Poner atención en aquello que has conseguido decir y escuchar cuánto queda todavía por decir. Una palabra exige otra, una frase descubre una fisura, un texto te devuelve a la experiencia de la que nació. Habrá días en que debas borrar casi todo. Que al menos una línea sobreviva al examen. Y si ninguna merece quedarse, que permanezca la disposición a volver: la mano cerca de la página, la atención despierta. La escritura no te exige salir intacto. Te exige encontrar palabras con las que seguir.


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