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A todo volumen

12.5.26


Paso por una barriada de esas que la sociedad llama marginales, como si al nombrarlas ya hubiera decidido también su destino. Hay en sus calles un desorden visible, una forma de caos que incomoda a las conciencias educadas en la pulcritud, en la simetría, en esa higiene que suele confundirse con virtud. A primera vista, todo parece sobrante, irregular, fuera del marco de lo que los otros llaman normalidad. Pero entre todas las cosas que llaman la atención, una se impone sobre las demás: la música alta. Esa música que irrumpe en el aire sin pedir permiso, que ocupa el espacio con una insolencia casi festiva, como si todavía quedara algo invicto en medio de la precariedad. Y entonces pienso que, a fin de cuentas, ese placer no se lo puede quitar nadie a quien lo posee: escuchar música, dejarse tomar por ella, alzarla contra la tristeza del mundo. Tal vez cuando casi todo falta, el sonido se vuelve una forma de potencia. Una manera de decir aquí estamos, todavía vivos, todavía capaces de gozar, todavía dueños —aunque sea por unos minutos— de una alegría sin reglamento. La música no remedia la pobreza, pero desmiente por un instante su dominio. A veces, los derrotados defienden su última libertad llenando de música el aire que les queda.


En estado de espera

11.12.25


Hay despedidas que no clausuran nada, tan solo ensanchan el silencio. Recordar a quien se fue es un modo de sostenerlo un instante más, de rescatar su voz del vacío y devolverla a la conversación que el tiempo interrumpió. La memoria actúa como un escenario provisional donde seguimos hablando con los que ya no pueden responder.

La música y la poesía permiten esa resurrección mínima. No salvan el mundo, quizá nunca lo pretendieron, pero lo alivian porque afinan una grieta y ponen luz donde solo había ruido. Cuando alguien transforma un poema en canción, o una canción en refugio, ocurre un pacto secreto, que lo vivido deja de ser pasado y empieza a ser compañía.

Tal vez toda ausencia sea solo eso, un standby, una espera sin reloj en la que seguimos escuchando lo que ya no está, porque a veces basta un eco para sostener la vida mientras el mundo gira.



Improductivos

30.5.23



Lo extraño es que el mundo se mueva por dinero, trabajo, poder, pero que cuando eso se rompe las personas necesiten ternura, música, poesía.




Acallamientos

11.3.22



La música es el silencio del ruido.



Cambios

9.7.05


Cansada de intentar hacerse oír entre el ruido de la música y el humo del pub, un día decidió ponerse es escribir en una bitácora. Desde entonces no ha vuelto a tener problemas de afonía.