Paisanaje borrado

2.7.26


En el dibujo de la vida no solo acumulamos presencias, también corregimos el cuadro. Hay personajes que enturbian la mirada, alteran la respiración del paisaje y obligan a borrar, a tomar distancia, a retirar su figura del centro de nuestra visión. No siempre por odio sino por higiene mental. Vivir exige a veces esa tarea silenciosa de supresión como apartar lo que deforma, lo que hiere, lo que vuelve más áspera la conciencia. Aunque no todo consiste en tachar, también pintamos. Añadimos rostros, afectos, compañías y lealtades que vuelven más habitable la existencia. Existen personas que no solo nos acompañan sino que mejoran la luz con que vemos el mundo. Su presencia más que ocupar, armoniza y no invaden el paisaje porque le dan sentido. Y tal vez por eso el paisanaje de una vida no sea otra cosa que el boceto moral de quien la vive. En los seres que apartamos y en los que conservamos se dibuja, sin querer, una parte de nuestra verdad más profunda. Elegir a quién dejamos dentro de nuestra mirada es también una forma de modelar el alma. La vida se parece al arte de borrar lo que oscurece y conservar lo que da luz.


0 apostillas: