Paladar quemado
26.7.26
Atravesó la pared y, sin decir nada, se sentó a la mesa como uno más. Ningún comensal le advirtió que la sopa estaba muy caliente. Sopló por costumbre. Luego dio el primer sorbo. Cerró los ojos.
—Ahora sí —murmuró.
Hacía años que no sentía nada.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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