Develación
19.7.26
Sobre el pecho de Yasuko se posó una mariposa. Con su mano cubrió el gesto alado y escuchó un tenue rumor de alas junto a su corazón. Imaginó la espuma de los besos en un mar de flores. Y cuando la joven abrió sus dedos solo encontró, escrita con fino polvo, una palabra de amor. No la leyó. Cerró de nuevo la mano y la llevó al pecho, como si las palabras también necesitaran calor para seguir vivas. Al atardecer abrió la palma. La palabra había desaparecido. Desde entonces, cada vez que alguien le preguntaba por qué sonreía sin motivo, Yasuko se limitaba a posar una mano sobre el corazón. Allí seguía. Hay palabras que, una vez leídas, se olvidan. Las verdaderas prefieren convertirse en latido.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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