Firmamento
25.7.26
Miras el firmamento y entiendes lo poco que somos y lo menos que importamos. Basta levantar la vista para que la soberbia humana se vuelva ridícula: nuestras urgencias, nuestras vanidades, nuestras pequeñas guerras íntimas quedan suspendidas bajo una inmensidad que ni siquiera advierte nuestra presencia. El cielo nocturno no consuela exactamente, más bien desproporciona y nos devuelve a una escala incómoda, casi humillante, pero también necesaria. Frente a las estrellas, el yo pierde volumen, las certezas se adelgazan y todo aquello que parecía definitivo se vuelve apenas un rumor pasajero. Puede que por eso mirar el firmamento produzca una mezcla de vértigo y serenidad. Vértigo porque revela nuestra insignificancia y serenidad porque esa misma insignificancia nos libera de la obligación de creernos el centro de algo. Tal vez no importemos demasiado en el orden del universo y en ello resida una forma de alivio, la de poder vivir sin tanta grandilocuencia, sabiendo que somos breves, mínimos y, aun así, capaces de mirar a las estrellas.
Etiquetas: análisis, comentario, firmamento, reflexión
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