El deseo cesante
13.7.26
Defiende Deleuze que «desear es producir, y producir realidad»: el deseo como potencia activa de la vida, no como simple carencia sino como fuerza que inventa caminos, vínculos, mundos posibles. Desear no sería entonces esperar pasivamente algo que falta, sino poner en marcha una maquinaria íntima capaz de transformar lo existente. Pero más allá de ese deseo productor, ¿qué nos espera? Quizá la realidad deseada. Y en ella empieza la paradoja: cuando el deseo alcanza su objeto, algo se detiene. La intensidad que empujaba, imaginaba y abría futuro se vuelve posesión, costumbre o desencanto. Lo deseado, al realizarse, deja de irradiar promesa y queda reducido a presencia. Tal vez toda realidad deseada contenga una forma de frustración, no porque no llegue sino porque al llegar clausura el movimiento que la hacía vivir. El deseo cesante es ese instante en que la conquista apaga la fuga, en que el objeto obtenido ya no produce mundo sino término. Acaso por eso el deseo más fértil no sea el que se satisface sino el que sigue abriendo realidad sin quedar preso de su cumplimiento.
Etiquetas: análisis, comentario, deseo
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