Cartografía de la vivencia

18.7.26


Los lugares personales no son necesariamente espacios físicos ni simples topografías geográficas. Son territorios interiores, zonas de la memoria habitadas por encuentros, afectos y amores que dejaron en nosotros una forma de permanencia. Creemos recordar una calle, una casa, una plaza o una ciudad, pero en realidad recordamos a quien nos acompañaba allí, la conversación que nos sostuvo, la mirada que nos cambió, la emoción que convirtió aquel espacio en destino íntimo. El lugar no era el lugar, era la vida que ocurrió dentro de él y por eso hay sitios a los que regresamos sin movernos. Los visitamos con frecuencia en la cartografía secreta de nuestra vivencia, no porque sigan existiendo tal como fueron sino porque algo de nosotros quedó allí, conversando todavía con quienes fuimos y con quienes amamos. Puede que un lugar personal sea un punto del mundo que la memoria se niega a dejar deshabitado.


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