Incapacidad
24.7.26
Cuando escribo reír, evoco la risa pero no me río y cuando intento anotar la palabra llanto, las lágrimas me nublan la escritura. Y si estoy alegre tampoco consigo escribir alegría porque el júbilo me expulsa de la silla y me devuelve al movimiento de la vida. La escritura mantiene una relación extraña con los sentimientos: los invoca, los une a una relación extraña con los sentimientos, los nombra, pero rara vez coincide con ellos en estado puro. Mientras la emoción arde, escribir parece una traición o una imposibilidad. Solo después, cuando el incendio se ha apagado, la palabra se acerca a las cenizas y por eso quizá no escribimos los sentimientos mientras viven sino cuando ya han empezado a morir en nosotros. La escritura los vela sobre el papel, los amortaja con frases, les concede una segunda existencia menos intensa pero más duradera. Escribir sería entonces una forma de duelo que no captura el instante vivo de la emoción sino su luminoso cadáver.
Etiquetas: análisis, comentario, escritura
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