Reconciliación
5.7.26
Esa noche pudo reunir en la mesa a todas las personas que había sido, incluidas las que ya no recordaba, y descansó. Hablaron poco. El niño no comprendía al anciano. El adolescente se negaba a mirar al hombre que había renunciado a sus sueños. El enamorado no quiso sentarse junto al viudo. El cobarde evitaba al valiente, que apenas recordaba cuándo lo había sido. Fue el desconocido quien rompió el silencio.
—Nadie se acuerda de mí —dijo.
Nadie supo quién era. Entonces comprendió que aquella también había sido una de sus vidas, la que nunca llegó a vivir. Le hizo un sitio a su lado. Solo entonces pudo descansar.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 apostillas:
Publicar un comentario