Puertas
25.9.26
Cuando leo en un libro, rápidamente acuden ideas creativas a mi mente. Cuando leo con ayuda de una IA, las ideas llegan antes, y al principio lo llamé portal: la palabra parecía a la altura de la sensación, todo se abría de golpe, como quien entra en una casa o en una página sin llamar. Pero portal viene de puerta, y una puerta no promete solo llegada. Promete también fuga — y fuga tiene tres salidas: la del que huye, la del agua que se escapa por una grieta, y la del músico que deja entrar un tema y enseguida lo persigue con otra voz, como si el eco quisiera adelantarse al original. Por la misma que entra lo nuevo se me puede vaciar lo que ya tenía: la pregunta que no llegué a hacer, el esfuerzo que otro hizo por mí, el pensamiento que dejé de pensar porque ya venía pensado. Y lo vaciado, cuando se seca, deja una forma: un molde hueco con la silueta exacta de lo que antes pensaba yo solo. Cuando leo despacio, cuando discuto lo que se me ofrece antes de aceptarlo, la puerta se queda abierta y algo se queda dentro. Cuando me dejo llevar, sigue abierta igual, pero solo para que todo salga, y entonces ya no sé si lo que siento en la piel es corriente de aire o corriente eléctrica. No sé todavía, después de tantas páginas —de libro, de pantalla—, si lo que tengo es una casa más grande o una casa con corriente de aire. Ni siquiera sé, a estas alturas, quién de los dos se ha quedado leyendo al otro.
Etiquetas: análisis, comentario, leer
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 apostillas:
Publicar un comentario