Testamento vital

28.9.26


Dejo testimonio de que estuve caminando por este mundo, a veces dulce y a veces hostil, porque me di a los días y a esos momentos que compartí con afán, con esmero, con compromiso de tiempo otorgado a los demás, con el denuedo de quien no tiene prisa en acabar. Y que vital fui porque abrí el corazón para que floreciera en el cálido afecto de quienes quise, porque me desgasté en sonrisas y mimos y cuidados, fui vital también en todo cuanto anhelé, y sin nostalgia tuve la vida que amé. Y no me llevo nada que no haya dejado ya en aquellos a quienes di mi cariño: dejo lo vivido, que fue mucho, y dejo el sosiego de saber que no hizo falta nada más para ser feliz. Con eso basta, y no llevo prisa, como nunca la llevé.


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