Sin cuento

13.9.26


Mientras pelaba en la cocina la dura corteza de la calabaza pensó en lo cenicienta que era su vida. A medianoche, llamaron a la puerta. Habían pasado veinte años.
—He dejado a mi mujer —dijo—. Quiero que empecemos de nuevo.
Ella lo miró en silencio. Pensó en las noches que había esperado aquel regreso, en los hijos que había criado sola, en el trabajo que nadie llamaba trabajo porque lo hacía por amor.
—¿Y qué quieres que haga con los veinte años que me sobran? —preguntó.
Él no supo qué responder. Ella cerró la puerta. Dentro, la calabaza seguía siendo una calabaza y, por una vez, nadie iba a convertir su vida en cuento.



1 apostillas:

José A. García dijo...

La vida no se atrevería a ser tan brutal como lo era ella.

Saludos,
J.