El sueño de despertar
27.9.26
Dormida o no, el caso es que ella no despertó aquella mañana y nada hacía sospechar que no fue un sueño enmarañado quien la tuviera retenida entre las sábanas. A las siete y cuarto sonó la alarma. La apagó sin abrir los ojos. Fuera, la ciudad ya llevaba dos horas despierta. Un autobús frenó en seco en la esquina. Alguien insultó a alguien desde una ventanilla. El semáforo cambió tres veces para que pasaran seis coches y ningún peatón. A las siete y veinte llegó el primer WhatsApp: «¿Vienes o qué?». A las ocho, el vecino puso reguetón. A las ocho y diez empezaron las obras del edificio de enfrente. Dos obreros discutían sobre una tubería mientras una mujer paseaba al perro mirando el móvil. En la acera, un hombre dormía dentro de un saco junto a un cajero automático que no dejaba de ofrecer préstamos. Ella conocía aquel paisaje de memoria: la panadería con la cola hasta la puerta, los patinetes cruzados sobre la acera, el bar que olía a fritanga desde las nueve, las terrazas llenas de gente trabajando con el portátil para no trabajar en casa. A las nueve y cinco abrió los ojos. La habitación parecía la misma, pero la ciudad había cambiado. No sabía explicar qué. Se asomó a la ventana. El autobús seguía pasando. Los coches seguían pitando. Una ambulancia avanzaba a duras penas entre una doble fila. En la pantalla gigante de un edificio alguien anunciaba pisos de lujo con piscina comunitaria. Todo estaba donde tenía que estar. Eso fue precisamente lo que le dio miedo. Cogió el móvil. Veintisiete llamadas perdidas. Todas de ella. La última había entrado hacía un minuto. Su propio nombre ocupaba la pantalla. Contestó.
—¿Sí?
Su voz respondió desde el otro lado.
—No salgas de la cama.
Ella miró la calle. Una multitud cruzaba el paso de peatones. Entonces vio a una mujer detenerse en mitad del tráfico. Era ella.
—¿Por qué?
La mujer de abajo levantó la cabeza y la miró directamente.
—Porque ya has salido una vez.
Y la ciudad, como si hubiera estado esperando esa frase, se quedó en silencio.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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