El titiritero

20.9.26


—Tengo miedo —dijo la marioneta.
—No hay motivos —respondió el ventrílocuo.
—Entonces, ¿por qué tiemblas?
El ventrílocuo dejó de moverle la boca.
—Yo no tiemblo.
—Lo sé —dijo la marioneta—. Tiembla tu mano.
El hombre intentó soltarla, pero sus dedos no obedecieron. Desde el escenario llegó un aplauso. La marioneta sonrió.
—Ahora dime que no hay motivos.
Y el ventrílocuo, por primera vez, habló sin abrir la boca.


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