Silenciosos

2.9.26


Nos enseñan a tomar la palabra pero nadie ofrece un taller para callar. Como si el silencio fuera apenas lo que queda cuando las palabras terminan y no una disciplina en sí misma, acaso la más ardua. El zen sabe que hay verdades que el habla no alcanza. El mushin, la mente sin mente, no es mudez sino una atención tan plena que ya no necesita traducirse en ruido. Hablar bien es ordenar el mundo con palabras pero callar bien es soportarlo sin ordenar. Hablar nos protege porque mientras suena nuestra voz ocupamos el espacio y aplazamos la escucha. El charlatán no es quien ama las palabras sino quien teme lo que asoma entre ellas. ¿No será que aprendemos a hablar en público porque callar a solas nos resulta insoportable?


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