Me callo muchas cosas que no puedo decir, quizá porque nadie las entendería. Me ocurre desde la infancia y me ha acompañado durante toda la vida. Es entonces cuando extraigo la soledad del mundo y me siento apartado de él y de quienes lo habitan, porque hay una forma de soledad que no nace de la falta de compañía sino de la imposibilidad de compartir aquello que uno considera esencial. No poder comunicar ciertas intuiciones, ciertos pensamientos, ciertas verdades que parecen importantes y que, sin embargo, los demás no conocen o no desean conocer. Algo de eso expresó Jung al escribir: «La soledad no consiste en no tener personas alrededor, sino en no poder comunicar las cosas que a uno le parecen importantes». Tal vez por eso la verdadera soledad no sea estar solo, sino callar aquello que más hondamente nos constituye.

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