Camaleónicos

11.6.26



La Iglesia siempre me ha parecido una institución camaleónica que ha sabido adaptarse al espíritu de cada época no tanto para transformarse como para conservar su poder. El ejemplo más palpable es la mediatización que está protagonizando el papa León XIV. Frente a la imagen más clásica, solemne y distante de algunos de sus antecesores, el jefe de la Iglesia aparece ahora convertido en una suerte de dinamizador de plataformas digitales, más cercano a las grandes estrellas de la música —que construyen su éxito mostrando vulnerabilidad y magnetismo— o a los influencers que administran con precisión cada gesto público, pero esa nueva cercanía no deja de despertar desconfianza. La Iglesia puede cambiar el lenguaje, la escenografía y los canales de comunicación; puede hablar el idioma emocional de las redes, adoptar la espontaneidad calculada de la época y presentarse como una institución sensible, próxima y moderna. Sin embargo, bajo esa piel renovada persiste un fondo atávico: una estructura antigua, jerárquica, doctrinal, acostumbrada a sobrevivir no renunciando al poder sino aprendiendo a representarlo de otra manera. El problema no es que la Iglesia entre en las redes. El problema es confundir presencia digital con verdadera renovación moral porque también el atavismo sabe hacerse viral.



0 apostillas: