Densidad

17.6.26


La vida humana necesita una materia crítica de realidad. No una cantidad cualquiera de estímulos, imágenes o información, sino una densidad suficiente de presencia: cuerpos, roce, tiempo compartido, espera, dolor, límite, silencio, resistencia. Todo aquello que no puede ser sustituido sin pérdida. Cuando esa densidad disminuye, la existencia no se rompe de inmediato pero empieza a vaciarse de peso. La virtualidad creciente, intensificada ahora por la inteligencia artificial, introduce precisamente ese riesgo. No solo multiplica mediaciones sino que empieza a fabricar una segunda capa del mundo, más rápida, más dócil, más ajustada a nuestros deseos y más fácil de habitar que la realidad misma. Y cuando lo generado resulta más cómodo que lo vivido, la conciencia corre el peligro de acostumbrarse a una existencia sin fricción, sin alteridad y sin verdad encarnada. Tal vez el colapso humano no consista en una destrucción visible, más bien en una sustitución paulatina. No cuando la máquina nos venza, sino cuando la virtualidad ocupe más espacio interior que la experiencia y nos desposea, poco a poco, de gravedad humana. Una vida colapsa cuando la representación le pesa más que la realidad.


0 apostillas: