Descontaminación
24.6.26
La tecnología no es alienante por esencia pero lo puede llegar a ser por exceso. Cuando deja de ocupar un lugar instrumental y empieza a invadir la atención, el vínculo y la intimidad, introduce una forma de deshumanización silenciosa. No destruye de golpe: sustituye. Sustituye el roce por la interfaz, la conversación por el intercambio instantáneo, la espera por la respuesta automática, la presencia por la conexión. El peligro de esa colonización no reside solo en la dependencia técnica, sino en la transformación del modo de estar en el mundo. Cuanto más se acostumbra el sujeto a vivir mediado, más difícil le resulta habitar lo inmediato, sostener el silencio, demorarse en el otro, aceptar la lentitud de lo real. Y una vida que pierde ese espesor acaba empobreciéndose aunque se vuelva más eficiente. Por eso este tiempo exige una reconciliación con la cercanía, con el abrazo, con el afecto sincero y con la conversación sin dispositivos, la experiencia tangible de estar con otros sin la tutela constante de la tecnología. No se trata de negarla sino de descontaminarse de su exceso para recuperar una forma más respirable de humanidad. La opresión tecnológica empieza cuando la mediación ocupa el lugar de la vida.
Etiquetas: análisis, comentario, tecnología
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