Desempleado
14.6.26
A Sísifo, con tanto rodamiento, se le gastó la piedra. Al principio intentó seguir empujándola. Por costumbre. Por dignidad profesional. Pero la roca había quedado reducida a gravilla, y la gravilla a polvo. Los dioses estudiaron el caso y tras siglos de deliberación concluyeron que la condena había sido cumplida por desgaste. Sísifo recibió entonces la eternidad libre. Y descubrió, con horror, que no sabía qué hacer con ella.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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2 apostillas:
Qué bueno! Yo le sugeriría que escribiera.
Tampoco ninguno de nosotros sabría qué hacer con ella si por alguna razón la recibiéramos un día de estos...
Saludos,
J.
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