El sastre
21.6.26
Confeccionó un traje a medida de sus palabras que luego fue pronunciando hasta dejarla desnuda. Al principio fueron elogios, promesas, metáforas delicadas que se ajustaban a ella como seda y cada frase añadía una manga, un pliegue, un botón invisible, pero las palabras, una vez dichas, no permanecían, se caían, se desprendían de su cuerpo una a una, como hojas secas. Cuando terminó de hablar, no quedaba tela alguna. Ella lo miró en silencio y entonces comprendió que había pasado años vistiéndola de lenguaje para no tener que verla tal como era.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 apostillas:
Publicar un comentario