Desacuerdo

22.6.26


Cuando no se está de acuerdo con la realidad empieza otra forma de percepción. No se trata solo de rechazar lo dado sino de advertir que el mundo visible no agota el mundo posible. Entonces se puede aprender a sentir lo intangible, a ver lo invisible, a inclinarse hacia aquello que todavía no tiene forma pero ya reclama existencia. Toda disidencia verdadera nace de ahí de una incomodidad profunda con lo que hay y de la negativa a aceptar que la superficie sea la última verdad de las cosas. Quien se resigna a lo inmediato queda encerrado en sus límites y quien lo discute, en cambio, abre una grieta por donde entra otra luz. La imaginación, el deseo, la esperanza y hasta la lucidez moral empiezan muchas veces en ese desacuerdo y por eso, lograr lo imposible no siempre consiste en alcanzarlo sino atreverse a pensarlo contra la evidencia. Hay una fidelidad secreta a lo humano en esa obstinación de no dar por definitivo el estado del mundo. Sentir lo intangible y ver lo invisible no es una forma de evasión, es tan solo el primer gesto de quien se resiste a obedecer del todo a la realidad y por eso toda transformación empieza cuando alguien decide no aceptar que lo visible sea lo único real.


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