Maduraciones
6.6.26
Siempre se echa algo de menos. La infancia perdida, la pasión en fuga, el amor cuando todavía era locura, el tiempo que no parecía tiempo, las causas perdidas, los días revueltos, la desolación de un desamor, aquello que viniste a buscar y solo existió en tu imaginación, el afecto amigo, la risa tonta, todos los momentos que un día sentaron bien. Echar de menos es una de las formas más discretas de la conciencia. No solo revela lo que se ha perdido, sino también lo que nos hizo ser. Hay ausencias que no duelen por su tamaño sino por su persistencia y se quedan a vivir en una esquina del alma y desde allí ordenan en silencio nuestra memoria. Quizás al final la vida no sea solo lo que tenemos, sino también todo aquello cuya falta seguimos sintiendo. Madurar consiste, en parte, en aprender a convivir con lo que no ha dejado de faltarnos.
Etiquetas: análisis, comentario, pérdidas
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