Mendicantes

16.6.26


Quise ver y sentir el mundo desde otra perspectiva, y siempre me intrigó cómo lo vería alguien que mendiga en la calle. Así que me senté en una acera y puse ante mí un cartel: “Dependo de tu generosidad”. No pedía nada concreto pero desde aquella posición mis ojos empezaron a enfocar la realidad desde un punto más bajo que el de quienes pasaban. Y comprendí enseguida que también la dignidad cambia de altura cuando se mira desde abajo. Lo más revelador no fueron las monedas sino las miradas. Pasaban muchas personas sin ver, como si la pobreza pudiera borrarse con solo negarle los ojos. Otras miraban con condescendencia, algunas con un desprecio apenas disimulado, como si la necesidad ajena fuese también una culpa. Pero hubo también quienes regalaron una bondad callada, una sonrisa, unas monedas, un gesto breve de reconocimiento humano. Entonces entendí que mendigar no consiste solo en pedir sino en exponerse al juicio del mundo. Desde la acera no se ve únicamente el tránsito de la ciudad, se ve también el grado de misericordia, de incomodidad o de dureza que cada cual lleva encima. La pobreza no solo se mide por lo que falta sino por la clase de mirada que despierta.



0 apostillas: