Mostrando entradas con la etiqueta autoestima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoestima. Mostrar todas las entradas

Autolisonja

7.7.26


Hay personas que no se limitan a estimarse sino que convierten su autoestima en un pequeño espectáculo diario. Se prodigan elogios, se adornan con virtudes, se presentan ante los demás como si la admiración propia bastara para justificar su altura. Pero rara vez esa autolisonja resulta inocente. Casi siempre persigue un rendimiento como consolidar prestigio, reforzar adhesiones, obtener beneficios de quienes comparten su círculo o dependen de su influencia. Lo curioso es que ese ejercicio de exaltación personal suele producir un efecto doble. Entre los correligionarios provoca asentimiento, complicidad, recompensa. Entre quienes miran desde fuera, en cambio, despierta una oleada de desagrado. No tanto por envidia, como a veces se alega, sino por la evidencia de una desmesura. La autocomplacencia, cuando se exhibe demasiado, deja de parecer seguridad y empieza a parecer una forma pulida de la vanidad. Tal vez por eso el verdadero aprecio de uno mismo no necesite tanta proclamación. La dignidad callada convence más que el mérito voceado ya que quien se halaga en exceso no solo se empequeñece un poco porque acaba revelando hasta qué punto necesita que otros ratifiquen el retrato que se ha pintado de sí mismo. La autoestima se vuelve sospechosa cuando necesita convertirse en propaganda.


Proscriptos

1.8.22

 

Perdí la autoestima por mi escritura a los treinta años. El desarraigo estimula mucho más la creatividad que el apego.

Inocencias

25.4.18



Los niños son felices porque para vivir no precisan de autoestima.



Relaciones terapéuticas

28.2.17



Hay quien se acuesta con el autoengaño y se levanta con la autoestima. No se puede ser más infiel con la propia psicología.



Altanerías

19.10.16



Hay quienes mantienen alta su autoestima en el más alto desprecio hacia los demás.



Precio

19.2.11



El antisiquiatra Thomas Szasz defiende que «cada acto de aprendizaje consciente requiere la voluntad de sufrir una lesión en la propia autoestima. Es por ello que los niños pequeños, antes de ser conscientes de su autoestima, aprenden más fácilmente.» La pérdida de inocencia tiene un alto precio aunque nunca igual al coste de no alcanzar la ilustración.