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Día de quienes leen

23.4.26


Antes que el libro está quien lee. Antes que el objeto, el gesto; antes que la mercancía, la conciencia que se inclina sobre unas palabras para encenderlas por dentro. El verdadero prodigio no es el volumen impreso, ni la novedad apilada en escaparates, ni la liturgia comercial de una fecha señalada, sino ese acto silencioso y decisivo por el cual alguien se detiene a leer y, al hacerlo, ensancha su vida. Se celebra el libro, pero acaso habría que celebrar otra cosa: la paciencia de quien lee, su fidelidad en medio del ruido, su resistencia entre la sobreabundancia, su capacidad de abrir un espacio de hondura en un tiempo saturado de reclamos, porque en un mundo donde la escritura se reproduce sin descanso y los títulos se multiplican hasta el vértigo, lo raro no es publicar: lo raro, lo valiente, lo casi heroico, es leer de verdad. Hay además una impostura frecuente en ciertas conmemoraciones culturales: disfrazar de fervor lector lo que no pocas veces no es más que interés de mercado. Se invoca la lectura mientras se protege sobre todo la circulación del producto; se ensalza la literatura, pero se margina a menudo lo que no entra en los catálogos dominantes, lo que se autopublica, lo que no obedece a la moda, lo que nace fuera del escaparate y de sus jerarquías previsibles, como si la creación solo mereciera estima cuando resulta rentable. Pero la literatura nunca ha cabido del todo en una mesa de novedades, vive también en los márgenes, en los formatos que cambian, en las voces que no reciben permiso, en las páginas que encuentran a sus lectores sin el amparo de los grandes aparatos de legitimación, y por eso acaso convendría desplazar la celebración: menos culto al libro como fetiche, más reconocimiento a la lectura como forma de libertad, porque al final no sostiene la literatura quien más la vende sino quien todavía la lee.


Leíbles

23.4.19



No puedo leer sin sentirme libro, ni puedo ser lector sin haberme leído.



Día del lector

23.4.17



El Día del Libro es una fábula más de los intereses mercantiles que disfrazan las instituciones culturales. El pretexto para su celebración de que Cervantes y Shakespeare murieron un 23 de abril, no es cierto, aunque si hubiera nacimientos y fallecimientos de otros autores en esa fecha. 

En un mundo donde se publica un nuevo título cada veinte segundos y existen más de 130 millones de obras diferentes, lo heroico es leer y la proeza la realizan los lectores.



Día de la lectura

22.4.17



El libro ha sido rebasado como soporte de lectura por nuevos métodos de reproducción de la escritura. Las celebraciones deberían enfocarse más a exaltar el fomento lector que a favorecer al negocio editorial.



‘Literacidio’

21.4.17



Dentro de un filólogo hay un escritor suicidado.




Tramposo

20.4.17



El escritor es un tahúr que engaña con las palabras en el juego de la escritura.



Contorno escritural

19.4.17



Encerrado en un círculo de escritura, el escritor se escribe en sus palabras.



Intuición lectora

18.4.17



El buen lector es el que tiene un texto sentido.



El precio de la lectura

17.4.17



Parece descabellado pero dado el volumen de publicaciones igual los lectores deberían comenzar a cobrar por libros leídos.



Libros vividos

23.4.14



Cada día es como un libro que toca leer. El de hoy es de una lectura extraña porque tiene salpicaduras de todos los días del año. Cioran decía que «un libro es un suicidio aplazado», donde la lectura se pospone día tras día, porque quizás, como señalaba Ralph Waldo Emerson, «el buen lector es el que hace el libro bueno», y no queremos una lectura al uso, no de ese libro que son nuestras vidas. Menos cuando somos sus propios autores, ya que según Maupassant «la originalidad del autor debe desaparecer en la originalidad del libro».