La maldición de los números
17.5.26
Un hindú sentado en una piedra frente a un riachuelo pensó en el cero y enloqueció. No fue inmediato. Al principio, el cero le pareció una idea humilde, casi inocente, un símbolo para lo que no está, un hueco con nombre. Lo dibujó en la arena con un dedo, una circunferencia perfecta. Nada. Eso era pero al mirarlo más tiempo, el vacío empezó a crecer porque el cero no solo representaba la nada, la contenía. Era una puerta sin marco, una ausencia con forma. Y si podía escribirse, si podía nombrarse, entonces la nada también ocupaba lugar. El riachuelo seguía corriendo. Él no. Y pensó en los números que lo rodeaban: uno, dos, tres… todos apoyados en algo, todos contando algo. Pero el cero no contaba más bien deshacía, convirtiendo lo que tocaba en menos de lo que era. Y así lo imaginó multiplicándose. Cero por uno. Cero por mil. Cero por todo. Sintió vértigo porque si el cero podía tocarlo todo, entonces todo podía desaparecer sin moverse. Miró sus manos. Las abrió. Temió que entre los dedos no hubiera nada. Entonces comprendió el verdadero problema, el cero no representaba la nada sino que la nada, al ser pensada había empezado a existir.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 apostillas:
Publicar un comentario