Viajero temporal
31.5.26
Cuando supo que lo habían transportado en el tiempo demandó a la compañía por incumplimiento horario. El abogado intentó disuadirlo.
—Señor, han pasado tres siglos.
—Precisamente —respondió él—. Llegué con retraso.
La empresa alegó causas extraordinarias: turbulencias cronológicas, desviaciones históricas, una pequeña guerra civil imposible de prever. Presentaron documentos sellados en fechas que todavía no habían ocurrido. El juez, nacido en 2184, escuchó el caso con visible cansancio.
—¿Qué perjuicio sufrió exactamente?
El viajero se levantó despacio. Miró sus manos envejecidas fuera de calendario.
—Perdí mi hora.
Hubo un silencio incómodo y entonces explicó que había comprado un trayecto de veinte minutos. Salió un martes después del almuerzo y llegó a un mundo donde nadie pronunciaba bien su nombre, donde las ciudades no olían a nada y donde incluso las nostalgias venían programadas.
—Yo solo quería llegar antes de cenar.
La sentencia tardó años en emitirse. Literalmente. Cuando finalmente ganó el juicio, la compañía le compensó devolviéndole el tiempo perdido. Murió en el acto, exactamente a la hora prevista.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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