Clonaciones

6.5.26


Vivimos momentos en que hasta los sueños cambian de materia. Ya no acompañan la promesa de un mañana distinto sino la sospecha de una repetición sin fisuras. Uno se acuesta y no siente que vaya a amanecer un día nuevo sino el mismo día de ayer apenas ya rehecho por la costumbre. La mañana pierde entonces su antigua condición de comienzo y se vuelve una prórroga, quizá una de las formas más sutiles del agotamiento consista en eso, en descubrir que incluso la libertad puede volverse un recinto, una amplitud clausurada, un espacio del que no sabemos salir aunque no tenga muros visibles. La peor rutina no repite los días, repite la esperanza de que cambien.


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