Descomposición

19.5.26


El mundo no se descompone solo por sus guerras, sus desigualdades o sus violencias visibles, también lo hace por la pérdida de la armonía. Cuando desaparece una medida interior de las cosas, cuando ya no hay proporción entre lo que sentimos, lo que deseamos y lo que vivimos, la realidad empieza a astillarse. Entonces todo sigue en pie, pero nada parece estar en su sitio. A esa fractura se añade otro mal de esta época como es la sobreabundancia de estímulos. La gente vive sumergida en un oleaje incesante de imágenes, consignas, noticias, miedos, deseos inducidos y distracciones. Ya no sabe bien qué atender, qué pensar, qué recordar ni qué olvidar. No vive, más bien reacciona. Y no elige porque es arrastrada. Y así, desorientada por exceso, confunde movimiento con sentido. Tal vez una parte del desastre contemporáeo consista precisamente en eso, en haber sustituido la armonía por la agitación.


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