Exilio
7.3.26
No es la falta de compañía lo que más aísla, sino la pérdida de lugar dentro de uno mismo. La soledad física todavía permite el diálogo interior, la conversación con los recuerdos, el hilo invisible que nos ata a lo vivido. El exilio personal, en cambio, rompe esa geografía: uno sigue habitándose, pero como extranjero. Viven días en que hablamos, trabajamos, cumplimos, y sin embargo todo ocurre lejos, como si la vida le sucediera a otro. No hemos salido de la casa ni de la ciudad, pero hemos sido desalojados de nuestra propia conciencia. Ese destierro no se nota desde fuera: sonríe, responde, participa. Sólo por dentro se oye el eco. La soledad es una circunstancia y el destierro una fractura, y por eso hay multitudes que no acompañan y habitaciones que sí lo hacen, porque estar solo es no tener a nadie y estar exiliado es no tenerse.
Etiquetas: análisis, comentario, exilio, soledad
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