Destrezas
29.3.26
Por más que lo intentó jamás logró hacer la o con un canuto. Probó frente al espejo, en secreto, en voz baja, como si se tratara de un conjuro menor. Redondeaba los labios, contenía el aire, se concentraba y nada. Le salía una mueca dudosa, un gesto a medio camino entre el asombro y la disculpa. En la escuela, los demás niños trazaban oes perfectas en el aire, en el cuaderno, en la vida. Él, en cambio, se especializó en otras cosas y hacía equilibrios con las palabras difíciles, domesticaba las erres rebeldes, y tenía una habilidad extraordinaria para decir quizá cuando nadie sabía qué decir. Con los años, dejó de intentarlo y descubrió que no todo el mundo está hecho para cerrar círculos y que, algunos, como él, están destinados a dejarlos abiertos.
Etiquetas: cuentos de domingo, cuentos diminutos
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