Lo que me desespera

4.3.26


No es el porvenir lo que más me pesa. El porvenir, incluso cuando se presenta oscuro, conserva la cortesía de lo incierto. En él aún cabe la imaginación, esa forma menor de la esperanza. Lo que verdaderamente me fatiga es lo que se repite sin promesa como una conversación que no avanza, el trabajo que no transforma, la emoción que no encuentra salida. No temo tanto lo que vendrá como lo que insiste porque la desesperación no tiene rostro de catástrofe, sino de rutina. Y así, el futuro, por terrible que sea, siempre llega de una vez, pero la desesperación, en cambio, se administra en pequeñas dosis diarias. Por eso hay días en que no necesito que algo cambie de golpe, sino que algo, por mínimo que sea, deje de repetirse, porque el miedo mira hacia delante, pero el cansancio mira alrededor. Y sólo este último sabe dónde vivo.


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