Endemoniada

22.3.26


La frase era enigmática, escribió mientras trataba de desentrañar las palabras plasmadas. Después serpenteó en su brazo hasta envolverlo y subió por su cuello. Entró por su boca y por su nariz sin poder evitarlo. Al deslizarse por el fondo de su garganta sintió su sabor amargo y cómo le revolvía el estómago y se volvía visceral y testicular. La frase saltó y rodeó su corazón hasta diluirse en su sangre para llegar a su cerebro que la alumbró, por fin, tras ser esclarecida. Entonces comprendió. No había sido escrita para ser leída, sino para ser habitada. Intentó pronunciarla, pero ya no le pertenecía. Cada sílaba latía con pulso propio, empujando desde dentro, corrigiendo su respiración, acomodando sus pensamientos como muebles en una casa recién ocupada. Se llevó la mano a la boca, no para callarse sino para impedir que saliera, porque ahora lo sabía que si la decía en voz alta, dejaría de ser frase y empezaría a ser mundo.


0 apostillas: