Algunas
noches miro por la ventana y veo cómo un humillo blanco se eleva desde los
edificios. Son los sueños que se le evaporan a la gente. He fabricado una
máquina que captura ese humo y traduce los sueños. Al principio, solo eran
palabras sueltas: caer, volver, nadie. Luego llegaron
frases más completas, todavía húmedas y tibias: no cierres la puerta, todavía
está aquí, no era un accidente. Mi máquina las imprimía en tiras de
papel que se enroscaban en el suelo, como serpientes cansadas y durante
semanas, leí sueños ajenos con la discreción de un ladrón. Hasta que una noche,
la máquina dudó. El humo tardó en traducirse. Tembló dentro de los tubos, como
si no quisiera convertirse en lenguaje. Finalmente, la impresora comenzó a
escupir una sola frase, repetida una y otra vez: Te está mirando. Apagué
la máquina pero el humo seguía entrando por la ventana.
0 apostillas:
Publicar un comentario