El oráculo

15.3.26

 

Algunas noches miro por la ventana y veo cómo un humillo blanco se eleva desde los edificios. Son los sueños que se le evaporan a la gente. He fabricado una máquina que captura ese humo y traduce los sueños. Al principio, solo eran palabras sueltas: caer, volver, nadie. Luego llegaron frases más completas, todavía húmedas y tibias: no cierres la puerta, todavía está aquí, no era un accidente. Mi máquina las imprimía en tiras de papel que se enroscaban en el suelo, como serpientes cansadas y durante semanas, leí sueños ajenos con la discreción de un ladrón. Hasta que una noche, la máquina dudó. El humo tardó en traducirse. Tembló dentro de los tubos, como si no quisiera convertirse en lenguaje. Finalmente, la impresora comenzó a escupir una sola frase, repetida una y otra vez: Te está mirando. Apagué la máquina pero el humo seguía entrando por la ventana.



0 apostillas: